viernes, 31 de enero de 2014

La supernova del 21 de enero

El 21 de enero Steve Fossey, profesor de astronomía del University College de Londres, estaba enseñándoles a unos estudiantes a operar un telescopio de 35 centímetros en el Observatorio de la Universidad de Londres. Para demostrar cómo se usa el instrumento, Fossey lo dirigió a la galaxia M82, conocida como "galaxia del puro" porque la vemos de canto y su perfil recuerda la forma de un puro. Cuando aparecieron las imágenes en la pantalla de la computadora, Fossey y sus estudiantes vieron un punto de luz muy brillante cerca de un extremo. Compararon con fotos de la misma galaxia que encontraron en internet y confirmaron que el punto de luz no estaba. Observaron la galaxia con otro telescopio por si el punto era un defecto del espejo del primero. El punto volvió a aparecer. Fossey se puso en contacto con otros astrónomos y al poco tiempo confirmaron que 1) no era un asteroide que por casualidad fuera pasando frente a la imagen de la galaxia, mucho más lejana, y 2) el espectro de su luz correspondía a una supernova, una estrella que explota. Al día siguiente la supernova de Fossey y sus alumnos ya tenía nombre oficial: SN 2014J. Si una supernova es la "2014J" quiere decir que en 2014 ya se descubrieron las A, B, C, D, E, F, G, H e I: o sea, que es la décima supernova descubierta en lo que va del año. ¿Por qué entonces tanto revuelo? 1) Porque la SN 2014J está relativamente cerca: las supernovas de todos los días están en otras galaxias (la última que se vio en la nuestra le tocó a Johannes Kepler en 1604, pero la estrella Betelgeuse podría darnos una sopresa cualquier día entre hoy y dentro de un millón de años). Las distancias a las galaxias lejanas se miden en miles de millones de años luz. La M 82 está sólo a 12 millones de años luz: como quien dice a la vuelta de la esquina. Con los telescopios más grandes y los observatorios espaciales, es como tener asiento de primera fila... o a lo mucho de segunda. 2) Para que una estrella muera en una explosión de supernova es necesario que tenga una masa superior a 1.44 veces la masa del sol, límite que calculó el astrofísico hindú Subrahmanyan Chandrasekhar en los años 30. Las supernovas vienen en dos tipos, principalmente: las tipo II son estrellas individuales de masas superiores al límite de Chandrasekhar. Como la masa puede tener cualquier valor por encima del límite, estas supernovas varían mucho en intensidad luminosa; las de tipo Ia, en cambio, son estrellas más pequeñas en sistemas de dos estrellas que van absorbiendo material de su compañera. Al rebasar el límite de Chandrasekhar se vuelven inestables y explotan. Por lo tanto, explotan todas aproximadamente con la misma masa, lo que las hace aproximadamente igual de brillantes. Las supernovas tipo Ia son las preferidas de los astrofísicos porque son como focos del mismo wattaje: como brillan todas igual (más o menos), su brillo aparente se puede usar para deducir a qué distancia se encuentran. Los astrónomos miden distancias en el espacio por un método escalonado: por triangulación a las estrellas más cercanas y por una serie de extrapolaciones para las estrellas más lejanas, luego para las galaxias cercanas y finalmente para las más lejanas. Con cada paso se introducen errores, lo que significa que las distancias de las galaxias son relativamente imprecisas. El brillo aparente de las supernovas Ia es la base del método más socorrido para medir distancias a galaxias lejanas. A partir de esas distancias se puede deducir la velocidad de expansión del universo y también su antigüedad. En 1998 dos equipos internacionales usaron este método para descubrir que la expansión se está acelerando, contra toda predicción anterior; y unos años más tarde otros astrónomos lo aplicaron para establecer con gran precisión que el universo tiene 13,800 millones de años (antes la antigüedad del universo se calculaba entre 10,000 y 20,000 millones de años, que es como decir "tengo entre 40 y 80 años"). Pero el método de las distancias a partir del brillo de las supernovas Ia depende de que tengamos por lo menos una cuya distancia se pueda confirmar por otros medios (lo que se conoce como calibrar la escala de distancias). Esto, claro, ya se ha hecho y por eso el método ha sido tan fértil, pero mientras más datos tengamos, mejor. El 22 de enero se publicó el descubrimiento en la Oficina Central de Telegramas Astronómicos de la Unión Astronómica Internacional. De inmediato se lanzó una campaña de observación con telescopios más grandes y observatorios espaciales. Por estos días la supernova está alcanzando su brillo máximo. Después se irá apagando poco a poco, pero su evolución servirá para entender mejor esta clase de supernovas (en la ciencia siempre quedan dudas y no estamos completamente seguros de que las Ia funcionen como suponemos). Con esto se podrá calibrar mejor la escala de distancias intergalácticas y confirmar el ritmo de expansión y la antigüedad del universo. De paso, la supernova es como una linterna que se enciende en un rinconcito oscuro de su galaxia; mientras dure la luz, se puede aprovechar para atisbar en ese rincón y estudiar el material interestelar de la M82. Eso es sacarle jugo a un punto de luz en la pantalla.

viernes, 3 de enero de 2014

Gotas estroboscópicas

Hace muchos años, cuando era estudiante de física en la Facultad de Ciencias de la UNAM, vi este experimento en un seminario para estudiantes que se hacía los viernes a las 3:00 de la tarde con el título "Sobre física y esas cosas". El título es horrible, pero el seminario era muy divertido. No recuerdo quién presentó este bonito experimento, pero de todos modos le mando un caluroso agradecimiento al anónimo autor.

Casi treinta años me guardé la ilusión de ver otra vez este efecto. Ahora que soy profe de prepa cada año les pido a mis alumnos que me ayuden a cumplirla, para lo cual les cuento la historia y les digo más o menos cómo funcionaba el experimento; ellos hacen todo lo demás con un mínimo de indicaciones mías. En su reporte de laboratorio tienen que interpretar lo que ven. ¿Quién se anima a echarles una manita?

viernes, 27 de diciembre de 2013

Realidad virtual intracraneal

Un día iba yo manejando un Ford 1949 amarillo por el Periférico, a la altura de la Fuente de Petróleos, cuando me di cuenta de que estaba soñando. Fue un momento de certeza impoluta: aquello era un sueño sin lugar a dudas. Quizá lo más revelador fue el Ford 1949 amarillo, coche ridículo que yo no manejaría más que en sueños. Con la seguridad de estar soñando, pisé el acelerador y empecé a atravesar los coches de enfrente con delirante abandono. Si te das cuenta de que estás soñando, puedes controlar el sueño y se abre un mundo de posibilidades increíbles.

Resulta que esta conciencia de estar soñando (que no es lo mismo que soñar que sueñas) es suficientemente común para tener nombre: sueños lúcidos; y suficientemente interesante para ser motivo de estudio científico. El equipo de Ursula Voss, de la Universidad Goethe de Frankfurt, se dedica a estudiar este fenómeno.

¿Cómo se estudian los sueños lúcidos? Durante muchos años no hubo más remedio que confiar en informes personales, que son muy poco confiables. Ursula Voss y sus colaboradores usan una técnica que se desarrolló en los años 70: se le pide al participante que haga una señal con un movimiento de ojos particular cuando se dé cuenta de que está soñando. Durante los sueños los ojos se mueven erráticamente y muy rápido. La señal es fácil de identificar entre el caos de movimientos. Ya que tienen una persona que está soñando lúcidamente, Voss y sus colaboradores estudian la actividad cerebral por medio de electroencefalogramas. Con esta técnica se puede visualizar el concierto de las neuronas. En un estudio publicado en 2009, el equipo de Voss informa que la actividad del cerebro durante los sueños lúcidos tiene muchas semejanzas con su actividad en estado de vigilia: el lóbulo frontal se comporta como si el participante estuviera muy concentrado y las distintas regiones del cerebro actúan más concertadamente que durante los sueños normales.

Era más o menos de esperarse. Lo que nos gustaría en realidad es saber cómo solicitar sueños lúcidos como si uno solicitara películas de paga a su proveedor de televisión por cable. En un artículo publicado en Scientific American Mind Voss ofrece una técnica sacada de la página web del Lucidity Institute: 


  1. Hazte el hábito de preguntarte periódicamente si estás soñando. Esto aumenta las probabilidades de preguntárselo también durante el sueño, lo que a su vez aumenta las probabilidades de experimentar sueños lúcidos.
  2. Cuando te lo preguntes, trata de mirarte al espejo o leer algunas letras. Si te ves raro y no puedes leer, es probable que estés soñando.
  3. Lleva un diario de tus sueños. Recordar sistemáticamente los sueños ayuda a tener sueños lúcidos.
  4. Antes de irte a dormir concéntrate en lo que quieres soñar (lo que se llama "incubar" el sueño y también sirve para resolver problemas soñando).
Y cuando te dés cuenta de que estás soñando, suéltate el pelo... Tomar control de los propios sueños permite probar todo lo que a uno se le ocurra: dar rienda suelta a las inhibiciones, experimentar fantasías (no necesariamente sexuales), conversar con celebridades, revivir a los muertos...

Muy divertido, pero también puede ser útil. Después de todo, controlar los sueños es como tener un simulador de realidad virtual inctracraneal: puede servir como terreno de práctica o laboratorio de ensayos para experimentar en total seguridad situaciones difíciles, delicadas o angustiantes. Así, hay quien propone que los sueños lúcidos pueden servir como terapia para mitigar las pesadillas recurrentes y la ansiedad, ensayar en los deportes y en las artes, inspirarnos ideas originales y resolver problemas. Uno puede incluso llamar en sueños personajes para asistirlo: Einstein, por ejemplo, o el gurú preferido de uno. El matemático Don Newman una vez soñó que John Nash (futuro premio Nobel de economía) le daba la solución de un problema con el que estaba batallando. Nash recordó más tarde que Newman siempre le agradeció la ayuda, pese a que, claro está, fue el propio Newman el que en sueños encontró la solución.


(Pasando a otra cosa, el 2 de diciembre la revista ¿Cómo ves? cumplió 15 años. Éste es el video que preparé para esa ocasión.)

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Agujeros

Como cada año, hace unos días, en el aniversario de ¿Cómo ves?, presenté mi ya tradicional tontería...


viernes, 29 de noviembre de 2013

Los chistosos somos más listos y más atractivos


Los científicos no saben para qué sirve el sentido del humor. Antes de que se me malinterprete puntualizo: no saben si cumple alguna función en la historia evolutiva de nuestra especie.

Lo que sí sabemos es que el sentido del humor existe y se valora en todas las culturas, lo que sugiere que es una característica de la especie, programada en los genes (digamos para simplificar), y no un rasgo cultural, contingente y pasajero.

Buscando en Google Scholar me encontré un filón muy rico de artículos de investigación sobre el sentido del humor, su origen y sus posibles funciones. Hay un libro buenísimo sobre la risa del neurobiólogo Robert Provine, pero Provine estudia la risa como comportamiento reflejo y analiza sus características físicas y fisiológicas, así como los numerosos contextos sociales en que ocurre. Estudia la duración y frecuencia de los jijijís y jajajás, quién se ríe más, hombres o mujeres (resulta que las mujeres). Para Provine el humor es sólo una de muchas causas de la risa y en consecuencia lo trata de manera pasajera.

Los psicólogos Eric Bressler y Sigal Balshine han publicado varias investigaciones encaminadas a explorar si el sentido del humor nos hace más atractivos. No es para saber si nos conviene ser más chistosos a la hora de ligar (o no sólo para eso), sino para ver si el sentido del humor surgió en nuestra especie por el mecanismo que los biólogos llaman selección sexual. 

Así surgió la cola del pavorreal macho. En muchas especies, los machos despliegan sus aptitudes como procreador y las hembras escogen. Si eres macho, te conviene echarles mucha crema a tus tacos (o sea, alardear lo más posible), incluso al grado de mentir; pero si eres hembra, te conviene tener mecanismos para detectar faroles. Así, en un estira y afloja evolutivo de millones de años, surge una señal de aptitud garantizada, que no se puede fingir, como la cola del pavorreal: una cola hermosa sólo se puede tener si además se tiene buena salud y otras características deseables para las hembras en el futuro padre de sus hijos.

En la naturaleza hay muchas garantías de aptitud que no se pueden falsificar como la cola del pavorreal. Bressler y Balshine (y otros) sugieren que el sentido del humor en los humanos (y especialmente en los varones) es una de esas garantías. Dicho de otro modo, a las mujeres les gustan más los hombres que las hacen reír porque esto es una señal inconfundible de aptitud. ¿Y qué tipo de aptitud señala el sentido del humor? Eric Greengross y Geoffrey Miller, de la Universidad de Nuevo México, proponen que el sentido del humor es señal de inteligencia, y mencionan otros estudios en que la inteligencia a su vez está relacionada con características más directamente deseables, como buena salud, longevidad y (¡gulp!) "calidad" del semen.

En 2011 Greengross y Miller publicaron una investigación en la revista Intelligence. Su propósito era mostrar que el sentido del humor y la inteligencia van de la mano y que, así, el sentido del humor es señal indirecta de un montón de aptitudes deseables en el macho (ya Bressler y Balshine habían mostrado que a las mujeres les gustan más los hombres que las hacen reír, pero a los hombres les atraen más las mujeres que se ríen de sus bromas). Para eso, Greengross y Miller toman a 400 estudiantes de su universidad (edad promedio: 20 años, pero intervalo de edades de 18 a 57 años; es una universidad muy acomodaticia en el asunto de la edad de sus alumnos de primer ingreso), y les hacen tres tipos de pruebas:

Prueba de inteligencia, y en concreto, una prueba de razonamiento abstracto ("¿cuál de estas figuras cuadra con esta otra?") y de inteligencia verbal ("¿cuál de estas palabras tiene un significado más parecido a esta otra?").

Prueba de sentido del humor (ojo: de creación de humor, no de habilidad para contar chistes hechos). Les dan tres caricaturas de un concurso de la revista The New Yorker (conocida, entre otras cosas, por sus paneles humorísticos de un sólo cuadro) y les dan 10 minutos para que inventen el mayor número posible de frases chistosas para acompañar cada caricatura. Luego un jurado independiente califica los resultados sin saber de quién son en una escala del 1 al 7. (Los autores señalan que la gran mayoría de las frases no tenían la menor gracia.)



Prueba de éxito reproductivo... o en estos tiempos en que el sexo rara vez conduce a la reproducción, prueba de éxito en el ligue. En la evolución gana quien deja más descendencia. Todo lo que sirva para obtener más parejas sexuales es una ventaja evolutiva. La prueba de éxito reproductivo sirve para saber si los participantes resultan atractivos al sexo opuesto. Para medir esta esquiva característica, Greengross y Miller les dan a sus participantes una lista de preguntas. He aquí algunos ejemplos: edad del primer encuentro sexual (promedio, 16 años tanto en hombres como en mujeres), número de encuentros en el último mes (hombres: 6.01, mujeres: 6.69), número de parejas sexuales en el último año (h: 1.85, m: 1.78), número de encuentros de una sola vez (2.63, 1.83) y número de veces que se acostaron con dos o más personas distintas en un lapso de 24 horas (0.66, 0.24).

Resultados resumidísimos: el humor se relaciona más con la inteligencia verbal que con la capacidad de abstracción en ambos sexos, pero más en los varones. Los participantes más chistosos salieron más proclives al sexo casual y frecuente, y en general, la inteligencia, revelada por medio del humor, conduce en promedio a más encuentros sexuales, sobre todo para los varones. Es decir, el sentido del humor es sexy, cosa que ya sabíamos. Greengross y Miller concluyen que esto demuestra que el humor es una característica de la especie y que surgió por selección sexual, como una señal, imposible de fingir, de inteligencia. Como buenos científicos, al final del artículo los autores enumeran las limitaciones de su estudio; por ejemplo, que no hay medidas bien validadas del sentido del humor, que la situación en que los participantes produjeron frases humorísticas es poco natural (en particular, no fue en situación de ligue) y que sólo evaluaron dos aspectos de la inteligencia. Su conclusión final es una maravilla de concisión y prudencia científicas: "la capacidad humana de producir y apreciar el humor puede ser análoga a las capacidades de otros animales de producir y apreciar otros tipos de comportamientos de cortejo que son prueba confiable de cualidades fenotípicas y genéticas."

viernes, 15 de noviembre de 2013

Evolución congelada

Para ver la evolución en acción se necesita una vista panorámica de miles de generaciones. Por eso, si uno quiere hacer experimentos para observar aspectos generales de la evolución, le conviene usar organismos que se reproduzcan muy rápido, como las bacterias Escherichia coli. 

En 1988 Richard Lenski puso a cultivar 12 muestras idénticas de Escherichia coli y se sentó a esperar, metafóricamente hablando, porque en realidad estaba muy activo. Quería estudiar la velocidad de la evolución y si esa velocidad cambia a lo largo de las generaciones; si los cambios evolutivos de una población se pueden repetir en otra; cómo se relacionan los cambios en los genes con los cambios observables externamente.

Los genes en una población cambian porque siempre hay errores al replicarse el ADN de una generación a la siguiente. Estos errores de copiado se llaman mutaciones y ocurren al azar. Las bacterias de Lenski no mezclan sus genes con los de otros linajes, es decir, no practican el sexo, ¡las pobrecitas! Eso simplifica las cosas para Lenski y sus colaboradores porque las mutaciones se pueden rastrear más fácilmente que cuando ocurre la mezcla de genomas que caracteriza a la reproducción sexual. Por supuesto, esto también limita el alcance de las conclusiones, pero eso es inevitable en cualquier experimento.

Hasta hoy ya varias generaciones de estudiantes de posgrado han colaborado con Lenski, pero no tantas como las generaciones de bacterias, que ya rondan las 60,000.

Desde 1988 Lenski y sus colaboradores han seguido un estricto protocolo: todos los días se extrae una muestra de cada cultivo y se pone en un nuevo cultivo. Cada 500 generaciones (más o menos 75 días) se extrae una muestra grande de cada linaje y se congela a 80 grados bajo cero. Las bacterias no se mueren, sólo quedan inactivas, o sea que en cualquier momento se pueden descongelar y reactivar. Es como tener copias pasadas del disco duro de tu computadora. O mejor aún: como tener un registro fósil perfecto y reanimable. Imagínense poder revivir dinosaurios para estudiarlos (me informan que eso ya se le ocurrió a alguien, pero no era científico, sino novelista). Cada tanto, Lenski y amigos comparan las poblaciones nuevas con las antiguas para medir cambios en la capacidad de reproducirse y estudian cualquier suceso interesante que pueda ocurrir...

Para hoy, con cerca de 60,000 duplicaciones de población y 100 millones de millones de bacterias en el experimento, la probabilidad dice que toda mutación posible en el genoma de la E. coli (estrictamente, toda mutación consistente en cambiar una sola letra del genoma) ya debe de haber ocurrido varias veces, o sea que las poblaciones de Lenski han tenido oportunidad de explorar todas las variantes posibles. Como las mutaciones ocurren al azar, lo más probable es que sean nocivas o neutras; menos probable es que sean favorables, pero ya deberían de haber ocurrido también muchas de éstas.

Y en efecto, así es: todas las poblaciones, en estas condiciones de estabilidad y alimento inagotable, han desarrollado bacterias más grandes y todas se han vuelto especialistas en consumir glucosa, el alimento que les da Lenski. También se han vuelto malas consumidoras de otros nutrientes que sus antepasadas consumían sin remilgos. Algunas de las poblaciones han desarrollado defectos en el sistema que repara daños en la información genética, lo que facilita las mutaciones y acelera el ritmo de exploración de posibilidades (es decir, de cambio evolutivo).

Pero lo más asombroso que han hecho las bacterias de Lenski ocurrió en la generación 33,127. Lenski y sus estudiantes vieron que uno de los cultivos estaba muy turbio, señal de que las bacterias habían proliferado más de lo normal. Por medio de experimentos laboriosos realizados por el estudiante Zachary Blount, el equipo se dio cuenta de que las bacterias de esa población estaban consumiendo ácido cítrico, sustancia presente en el cultivo, pero que a las otras poblaciones no les servía de alimento. Lenski y Blount recurrieron a su registro fósil congelado y descubrieron que los primeros ejemplares de esa variante aparecieron entre las generaciones 31,000 y 31,500 (es decir, la característica tardó unas 2000 generaciones en cundir). Luego tomaron 72 muestras de poblaciones anteriores, cuatro de las cuales volvieron a desarrollar la capacidad de consumir ácido cítrico. Pero, dato revelador, el hallazgo no se repitió en ninguna población de antes de la generación 20,000. A Lenski y sus colaboradores esto les sugiere que ciertas adaptaciones requieren adaptaciones previas que las potencien.

En la investigación más reciente de este fértil experimento, el equipo analizó la capacidad reproductiva de los 12 linajes en 41 puntos de su historia. Esperaban que, en el entorno estable y rico que el experimento ofrece a las bacterias, esta capacidad fuera aumentando en los primeros años, pero luego se estabilizara en un máximo. En efecto, se esperaría que si el medio ambiente no cambia, las especies alcancen un máximo de adaptación y no lo rebasen. Pero Lenski y sus colaboradores observan que, aunque la habilidad para reproducirse de las generaciones sucesivas ya no aumenta tan rápido, sigue cambiando. Esto sugiere que la evolución no para ni siquiera en condiciones estables.

El experimento de Lenski ha producido más de 50 artículos de investigación y muchos posgraduados. Y pensar que el investigador estuvo a punto de abandonarlo hace 15 años.

martes, 8 de octubre de 2013

Apareció el bosón, pero Higgs está perdido

Si alguna vez hubo un premio Nobel anunciado, inminente y esperado es el Nobel para los padres del famoso bosón de Higgs. Aquí está lo que escribí en este blog el año pasado, cuando en el CERN se anunció que había evidencia suficiente de una partícula que tenía toda la pinta del Higgs.

Así pues, el premio Nobel de física de 2013 es para Peter Higgs, bien conocido físico británico, y el físico belga François Englert, por trabajos publicados ¡en 1964! Englert trabajó en colaboración con Robert Brout, quien murió hace dos años, pero que también hubiera recibido el Nobel. La misma idea la tuvieron independientemente Tom Kibble, Carl Hagen y Gerald Guralnik, pero sus artículos no llegaron a tiempo a la redacción de las revistas (parece que por una huelga de correos), de modo que nada de Nobel para ellos.

Todo esto sugiere una imagen de cómo opera el galardón científico más apetecido del mundo: 1) no se otorga póstumamente, 2) no se otorga a los que llegan en segundo lugar, sea por la razón que sea, incluso una huelga de correos y 3) no se otorga a trabajos exclusivamente teóricos sin comprobación experimental ni aplicación práctica (por eso los 50 años que pasaron entre el trabajo y el Nobel para Higgs y Englert). Esta regla es la que tiene todavía sin nobelizar al físico más famoso del mundo, Stephen Hawking, cuyo trabajo más conocido entre los físicos es la predicción de que los agujeros negros, ayudados por la mecánica cuántica, no son tan negros como se creía; es decir, que emiten un tipo de radiación conocida como "radiación de Hawking" que por ahora sólo existe en papel. He notado que muchas personas se sorprenden al saber que Hawking no es premio Nobel. Hételo ahí: no lo es, y no es porque sea tonto, sino porque sin resultado experimental no hay Nobel.

Lo cual suscita otra pregunta interesante: ¿entonces por qué no el Nobel para el equipo de científicos que encontró el bosón de Higgs? Una razón podría ser que en realidad es difícil precisar exactamente quién está en ese equipo: ¿los que firman los artículos que surgen de la investigación con los detectores ATLAS y CMS?, ¿todos los que participaron en la construcción del Gran Colisionador de Hadrones? Ahí las fronteras son difusas, pero creo que hay una razón más práctica: Higgs y Englert tienen más de 80 años y ya han esperado bastante (de hecho, se esperaba que les tocara el premio el año pasado). Predicción: ¿Nobel de física 2014 para los experimentales? Veremos...

El Nobel para Higgs y Englert es señal de otra cosa interesante: aunque el año pasado el CERN anunció que había aparecido una partícula muy parecida al Higgs, y no que habían descubierto el bosón de Higgs, el premio es señal clarísima de que la comunidad física reconoce que el bosón está en el bolsillo. El que anda desaparecido, al parecer, es Peter Higgs. Ya se sospechaba lo que se le venía encima y no tenía ganas de enfrentar la aclamación mundial que vendría con este premio Nobel tan distinto de los normales por esperado y anunciado. Hace unos días avisó que se iba de viaje y que regresaría el viernes , pero no dijo adónde iba, y como no tiene celular ni computadora... Pese a todo, sí dejó un mensaje: "Espero que este reconocimiento a la ciencia fundamental ayude a fomentar la conciencia del valor de la investigación pura (él dijo "blue-sky science")", es decir, el valor de la investigación que se hace simplemente por saber, sin esperanzas ni posibilidades de aplicaciones prácticas, beneficio comercial ni solución de problemas nacionales.

Pues ojalá...

Mientras tanto, ¿se acabó la física? De ninguna manera. Como han señalado ya varios físicos, ni siquiera es que el bosón de Higgs sea una pieza tan importante del consorcio de teorías del que forma parte, llamado Modelo Estándar (que es la teoría más fundamental para explicar en los términos más sencillos posibles toda la diversidad de cosas que forman el universo). No es el único mecanismo necesario para "explicar la masa", y posiblemente haya otros tipos de bosón de Higgs. Lo que pasa es que es la única pieza que faltaba. Añádase a esto que desde hace años se repite la cantaleta de que el Gran Colisionador de Hadrones se construyó para encontrar el bosón de Higgs (falso: tiene muchos otros objetivos) y el lamentable traspié que en mala hora tuvo el físico Leon Lederman, hace ya muchos años, cuando a un libro sobre el bosón de Higgs se le ocurrió ponerle por título La partícula de Dios, y se entenderá por qué tanta alharaca con el bosón de Higgs. Así pues, encontrar el bosón de Higgs corona el Modelo Estándar, pero el Modelo Estándar ni siquiera es la teoría más completa posible, porque, por ejemplo, le falta el pequeño detallito de que no explica la fuerza de gravedad, que forma planetas, estrellas, sistemas solares y galaxias. Hay varias candidatas a terías más completas; por ejemplo, las famosas supercuerdas, la "supersimetría"... Algún día el Gran Colisionador de Hadrones podría ayudar a los físicos a decidirse por una. Queda mucho que hacer para esta máquina.

Mientras tanto, muchos físicos están más bien un poco desilusionados de que sí haya aparecido el bosón de Higgs y Englert (y Brout... y Kibble, Hagen y Guralnik) --o de que sólo haya aparecido el bosón de Higgs. Lo que más les gusta a muchos físicos son las sorpresas, porque abren nuevos caminos para la investigación.