lunes, 1 de febrero de 2010

Cuando la observación afecta lo observado

Los niños son esas personas chaparritas que vemos por ahí corriendo, berreando y diciendo las cosas más insólitas. Hay que tener cuidado porque son más listos de lo que parece. Esa inteligencia dificulta el estudiarlos: en cuanto los queremos observar en su hábitat, en cuanto queremos registrar para los anales de la ciencia su comportamiento natural y espontáneo, se dan cuenta de que los estamos observando y el experimento se va al cuerno.
El caricaturista argentino Quino lo ilustra muy bien en una tira de su personaje más famoso, Mafalda. En el primer cuadrito se ve a Guille, hermanito de Mafalda, dibujando muy concentrado en una hoja que ha puesto en el piso, rodeado de un tiradero infernal de crayolas y otros materiales de dibujo. El papá se asoma sigilosamente, creyendo que Guille no se ha dado cuenta, y, enternecido, va de puntillas por una cámara para tomarle una foto a su hijo. Pero al regresar lo encuentra de pie, limpio y peinado, con las crayolas bien guardadas en su caja y el dibujo puesto ordenadamente en un banquito, posando para la cámara con la sonrisa de rigor en las fotos de pose. Adiós espontaneidad, adiós objetividad. Adiós realidad.
El papá de Mafalda no es el único que ha fracasado en su intento de observar a un niño sin que la observación afecte el comportamiento del observado: le llegó a suceder incluso al célebre psicólogo suizo Jean Piaget, quien desde 1921 se dedicó a estudiar el proceso de aprendizaje en los niños. En cierto estudio, Piaget quería estudiar cómo aprendían los niños el concepto de cantidad (o de número de objetos en una colección). Para eso el investigador presentaba a los participantes dos hileras de canicas. Las canicas estaban separadas a intervalos iguales, pero en una hilera había seis canicas y en la otra cuatro. Piaget les preguntaba entonces a los niños qué hilera tenía más canicas y éstos indicaban casi siempre la más larga. Muy bien. ¿Sería que los niños siempre asociaban mayor longitud de la fila con mayor cantidad de objetos? Para averiguarlo Piaget redistribuía las canicas a la vista de los niños de manera que las dos hileras quedaran de la misma longitud sin alterar el número de canicas de cada una. “¿Y ahora cuál tiene más canicas?”, les preguntaba Piaget a sus confundidos sujetos de observación, los cuales tendían a responder que la de cuatro canicas.
¿Había que concluir –como concluyó Piaget— que la percepción de la cantidad en los niños tenía que ver con la distancia entre canicas o la longitud de la fila? No necesariamente, como descubrió mucho después el psicólogo Jacques Mehler, hoy director de un equipo de neurociencias del conocimiento en Italia. Mehler y sus colaboradores se preguntaron si la manera de formular las preguntas en el experimento de Piaget no habría afectado la respuesta de los niños. ¿Podría ser, por ejemplo, que el niño, confrontado a la misma pregunta sin que hubiera cambiado el número de canicas, se confundiera y contestara lo que creía que el experimentador quería oír?
Para saberlo, Mehler repitió el experimento, pero en vez de canicas puso dos filas de chocolates, y en vez de preguntarles a los niños qué fila tenía más chocolates, se limitó a decirles que escogieran una de las dos y se quedaran con los chocolates que la formaban. Mehler hizo la misma redistribución que Piaget, pero los niños escogieron siempre la fila que contenía más chocolates (no la más larga ni la más apretada) sin un solo error. Conclusión: la interacción con el experimentador altera el resultado de la observación. Otra conclusión (del autor): los niños no son nada tontos, especialmente cuando se trata de acaparar chocolates. Observación más general: los organismos vivos despliegan toda la gama de sus habilidades cognitivas cuando se trata de conseguir comida porque para eso son las habilidades cognitivas con que los ha dotado la evolución.
Conocí a una señora mayor que se ufanaba de que su nieto de pocos meses entendía inglés. Para demostrarlo, la señora le acercaba al niño una cucharada de comida a la boca y le decía: “open di mau” (open the mouth, “abre la boca”). El niño, claro, obedecía sin demora, lo cual le parecía a su abuela prueba suficiente. Conclusión: las abuelas no son las más indicadas para juzgar objetivamente las dotes intelectuales de sus nietos.

7 comentarios:

Guali dijo...

Hola Sergio, te sigo desde hace tiempo desde Mexicali, muy bueno el programa de hoy.

Interesante la pregunta de las especies. Me intereso en particular el de los simios, no sabia que habían tenido un programa la respecto, no crees que estaría bien los subas online?

Procuro escucharlo martes y jueves, pero a veces no puedo :(. Es casi lo único rescatable sobre ciencia en toda la semana.

Sergio de Régules dijo...

Hola Guali. Pues también puedes oír El Explicador, en MVS, no sé si llegue por allá. En cuanto a lo de los simios, sí está en este blog:

http://imagenenlaciencia.blogspot.com/2008/02/toma-tu-asqueroso-pepino.html

Jesús Magonz dijo...

Yo creo que no solo los niños actuan así, creo que el típico caso es cuando nadie me está viendo en la oficina me meto a blog de Imagen en la Ciencia a leer artículos... y cuando siento que me están observando lo escondo, para que el que me observa creea fervientemente que realmente estoy trabajando en ese momento.

Haciendo un super Zoom Out y teniendo como supuesto que Dios todo lo ve (y que existe); es decir que nos observa,"afectatía a nuestro comportamiento el que nos esté observando?"

Anónimo dijo...

hola oye que opnas sobre esta publicacion has oido de ella y de su autor La Mentira: La Evolución" de Ken Ham no he hallado buenos comentarios sobre ken ham

Daniel

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

En la secundaria (uuuuuh) nos explicaban que las particulas mas pequeñitas (de ese entonces) solo se podian ver con el microscopio electronico... con el inconveniente de que al ser tan sensibles a la energia, cuando se les observaba la luz las exitaba de tal manera, QUE INFLUÍA en el estado de las particulas. Esto es, era practicamente imposible observarlas en su estado original.

Pero, esto tiene un curioso efecto. Muchos vividores de teorias pseudocientificas, extrapolan esto de las particulas a, por ejemplo, nosotros lso humanos. Algo como esto: un observador analiza un objeto, pero al observarlo, lo influye, asi pues, no existe un algo objetivo, sino una algo relativo a su relacion con el observador. Esta manera de razonar dice que como habemos innumerables observadores, y la dualidad que podemos obtenera al mirar el mismo objeto tiene infinidad de versiones 8segun eso que cadauno de nosotros lo inlfuiria de diferente manera) pues PRACTICAMENTE NO HAY UNA REALIDAD OBJETIVW Y EXISTENTE EN SI MISMA. O lo que es lo mismo, la ralidad no existe sino como lo percibimos, la realidad no es objetiva, sino subjetiva.

Por supuesto, esto se aleja de la verdadera ciencia. ¿que necesidad tiene la realidad fisica de que existamos observadores (nosotros) tomando nota de su existencia, o que no estemos? ninguna.

Y aqui, de refilon, una polemica estimado Sergio que tenia contigo aqui mismo en tu blog: tu decias que la verdad absoluta no existe. Yo digo que si que existe, lo que no hay es la capacidad humana para entenderla a cabalidad. Me recuerdo muy bien tu frase: ¿de que le sirve a una verdad, estar en medio del bosque si nadie la sabe?

Pero en fin, entiendo bien tu punto de vista de aquella ocasion. Creo el punto central es este: Una verdad, un conocimiento o un hecho concreto, SON UTILES EN TANTO LOS CONOCEMOS, pero aun sin que estemos nosotros los razonadores para conocerlos, LOS HECHOS SON. No necesitan de nosotros para ser.

¿como ves, que nos podrias comentar de esto? Gracias.

Jesús Magonz dijo...

Luis Martín, yo considero que esa idea no es una "teoría pseudocientifica" o de "vividores" y fiel a esto es lo que hizo Jacques Mehler. y respecto a tu pregunta de
"¿que necesidad tiene la realidad fisica de que existamos observadores (nosotros) tomando nota de su existencia, o que no estemos?"
más bien la necesidad es de los observadores, para que entiendan o intenten entender una realidad de la que son parte, y si crees que no podemos entenderla, quizá no ahora... pero hay que romper esas limitaciones para alcanzarlo... si no que chiste para que me preocupo en entender si no voy a entender de todas formas.

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

No, de acuerdo Jesus, lo que digo es que hay muchos por ahi que dejan los razonmientos cientificos y se meten en misticismos... disfrazados de ciencia. Me refiero a todo ese asunto liderado por el libro EL SECRETO, que tomando una realidad, como lo es la teoria cuantica, sin razon ninguna la extrapola a situaciones humanas.

Ese es el punto, pseudociencia disfrazada de ciencia. Y coincido contigo, aunque no alcancemos el conocimiento perfecto, la vocacion humana ES CONOCER, lo mejor que le den sus capacidades. Saludos