martes, 8 de septiembre de 2009

"¡Obvio!": los fanáticos del sentido común

Al escritor francés Gustave Flaubert sus contemporáneos le inspiraban un desprecio sin límites: los creía engreídos, vanos, superfluos y corruptos, pero sobre todo tontos.

Flaubert concibió la idea de reunir todas las tonterías de su tiempo (inlcuyendo las suyas) en un catálogo que se titularía Diccionario de ideas recibidas, y que habría de ser una lista de esas cosas que todo el mundo sabe porque son obvias, pero que no por obvias son menos falsas. En un afán similar (pero sin conocer el proyecto de Flaubert), hace mucho tiempo me puse a coleccionar recortes de periódico con tonterías... y muy pronto dejé de hacerlo: no tengo tanta mala voluntad como Flaubert, ni quizá tantos motivos para quejarme. Con todo, recuerdo un recorte muy particular. Era un editorial en el que un filósofo y escritor mexicano bien conocido afirmaba que "descreía" de la teoría del big bang del origen del universo (o teoría de la gran explosión). Primero comparaba el big bang con una explosión común y corriente y decía que nada podía explotar donde no había espacio para que se expandieran los materiales de la explosión. Eso le parecía razón suficiente para menospreciar la teoría más coherente y completa que ofrece la ciencia para explicar el origen del universo. No contaba este conocido filósofo y escritor conque lo de la "gran explosión" es una metáfora para poder pensar un suceso muy complejo que en realidad no se parece nada a una explosión de dinamita, y así, se empantanó en una marisma de pifias científicas sin cuento.

Luego, no sé por qué, añadía que la rotación de la Tierra no se podía estar haciendo más lenta por alguna razón filosófica, sin duda buenísima. En todo caso, aquello era obvio. Este bien conocido personaje me recordó a un científico que una vez le escribió a Louis Pasteur (creo que era a Pasteur): "Espero que no me considere anticuado por no creer en los microbios"; a lo que Pasteur contestó: "No, no lo considero anticuado. Lo considero ignorante". Porque resulta que ya a principios del siglo XVIII Edmond Halley, el del cometa, se dio cuenta de que la Tierra sí se está frenando. Halley comparó los informes de eclipses del pasado y observó que las horas del día a las que se suponía que habían ocurrido esos eclipses no coincidían con las que él podía calcular con las nuevas herramientas matemáticas de su amigo Isaac Newton. Notó que, mientras más antiguo el eclipse, más se desfasaban el informe y los cálculos, y concluyó que sólo había una explicación. Pero, ¿por qué habría de hacerse más lento el movimiento de rotación de la Tierra?

La primera explicación (que resultó ser la buena) provino...¡de un filósofo! A Immanuel Kant lo recordamos como uno de los filósofos más importantes de la Ilustración, pero también se le atribuyen por lo menos dos aportaciones científicas. Kant nació en Konigsberg, Prusia, en 1724 y jamás se alejó más de 100 kilómetros de su ciudad natal. Estudió las obras de Isaac Newton y aprendió física y matemáticas. A los pocos años, Kant publicó obras sobre las razas de los hombres, la naturaleza del viento, las causas de los terremotos y una teoría general de los cielos. Se dice que las clases de Kant eran muy populares porque el filósofo tenía una estilo salpicado de humor y de referencias a la cultura de su época. Sabía de todo. Me imagino que Kant se lo hubiera pensado dos veces antes de publicar editoriales engreídos en un periódico de Konigsberg.

Kant propuso que la disminución de la velocidad de rotación de la Tierra que había detectado Edmond Halley se debía a las mareas. Las aguas costeras, en sus turbulentos ires y venires, le roban energía a la rotación del planeta. Las mareas se deben a que la Luna no atrae con la misma fuerza de gravedad la parte del océano que está directamente bajo ella que la que se encuentra del lado opuesto del planeta, simplemente porque ésta se encuentra más lejos. Así, la esfera del océano se alarga en la dirección de la Luna (la diferencia de fuerzas entre un lado y otro equivale, digamos, a que a la Tierra le pellizquen las mejillas: éstas se alargan de ambos lados) y se producen dos abultamientos: uno bajo la Luna y otro del lado contrario del mundo. Dos mareas altas. Entre tanto, la Tierra sigue rotando. El fenómeno produce una gran cantidad de fricción entre el mar y la Tierra, y esta fricción va reduciendo la energía del movimiento de rotación. Los días se van haciendo más largos... pero muy poco: aunque se calcula que la cantidad de energía que se disipa diariamente por fricción debida a las mareas es igual a varias veces el consumo mundial de energía eléctrica, el efecto sobre la duración del día es de apenas unas cuantas milésimas de segundo por siglo.

Hoy que podemos medir la rotación de la Tierra con mucha precisión sabemos que Kant tenía razón, y que incluso hay otros fenómenos que alteran la rotación de la Tierra, como el magma que se desplaza en su interior y los terremotos. A veces, como bien sabía Gustave Flaubert, las ideas obvias, evidentes y bien sabidas de todos son falsas. La historiadora siria radicada en México Ikram Antaki escribió: "El sentido común es el lugar geométrico de nuestro prejuicios, donde el pensamiento se reduce a su inercia", y añadió: "es el salario mínimo de la inteligencia". Y lo que nos parece obvio a veces lo es sólo porque nos falta información.


11 comentarios:

Anónimo dijo...

Otra consecuencia del "alentamiento" de la rotacion de la tierra, es que la luna se está alejando en su orbita... ¿hay un calculo de cuando escapará definitivamente la Luna a la orbita alrededor de la Tierra?

Algo de esto lo vi en un canal de documentales, History, NatGeo o Discovery... ¿tu nos podrias comentar de esto?

Luis Martin Baltazar Ochoa

Sergio de Régules dijo...

Pues sólo se va alejando cada vez más, pero además de que es muy despacito, por más que se aleje se queda gravitacionalmente ligada a la Tierra a menos que otro objeto (como el Sol) se la ponga de collar. Je, je.

J. Vicente Hernández-Hernández dijo...

Hola Sergio:

A veces, algunos "reconocidos divulgadores" también meten las cuatro:

Hace un par de semanas Martín Bonfil, hablando de "la teoría de muchos mundos", dijo esto en su columna de Milenio y en su blog:

...Dicha teoría ­no es claro si es realmente "científica", pues como mucha de la cosmología, no cuenta con pruebas, ...

Cosa que, como astrónomo e interesado en la divulgación de la astronomía, le rebatí con un par de comentarios, enfocandome en que era una descripción "ligera", viniendo de un divulgador como él.

Esto me llevó a plantear que la divulgación de la ciencia sería mejor que fuera hecha dentro de los temas en los cada uno somos expertos, y desde luego, dejar claro cuando se expresan simples opiniones, que podrían ser confundidas con afirmaciones.

En fin, que dejo este planteamiento, del cual, agradeceria mucho tuvieras un comentario.

Muchos saludos.

Sergio de Régules dijo...

Hola Vicente: el problema es complejo. Para empezar, es raro el experto que se sabe comunicar con los legos de manera divulgativa, sin impartir cátedra ni menospreciar la inteligencia del interlocutor. Al mismo tiempo, como señalas, conviene conocer la ciencia de la que se habla lo más profundamente posible, pero no necesariamente al nivel del experto. Después de todo, se puede platicar y hasta enseñar muchas cosas sin ser el máximo experto en el tema. Yo personalmente creo que, puesto que el divulgador no pretende que su palabra se considere palabra de dios, se puede permitir ser impreciso y hasta equivocarse. El divulgador conversa y discute, no da cátedra ni habla desde el púlpito. Se le puede rebatir (como tú hiciste con Martín), se le puede descreer...
Estoy de acuerdo en que divulgar es traducir. Pero traducir siempre conlleva traición (si lo sabré yo, que fui traductor diez años). Te recomiendo un libro muy bonito de teoría de la traducción de Umberto Eco: "Decir casi lo mismo", con el que te darás cuenta de que toda traducción implica traición, igual que todo mapa miente.
El argumento de que el experto es el único con derecho a divulgar se cae con sólo ver lo que muchos expertos nos quieren vender como divulgación, y también con ver los excelentes trabajos de divulgación que producen ciertos periodistas (ver, por ejemplo, los del New York Times). En fin, es una visión demasiado simplista y que no casa con la realidad (visión, por cierto, muy común entre los investigadores). De modo que el que debe divulgar es el experto, pero el experto en divulgación. Tema archidiscutidísimo desde tiempo inmemorial en la comunidad divulgadora, por cierto.
Observo en tu blog que no te privas de hablar de mitología griega sin ser experto, y no te lo digo en mala onda, sólo para que veas que no es tan fácil. ¿Qué opinas?

Sergio de Régules dijo...

Otra recomendación para divulgadores. En mi opinión, el tono correcto (o UN tono correcto) está dado en la introducción de los famosos "Ensayos" de Michel de Montaigne (y en los ensayos propiamente dichos): una conversación agradable e informal con gente inteligente, no una clase. Las verdades absolutas y la infalibilidad están bien para los papas renacentistas, pero no para los divulgadores ni para los investigadores científicos.

J. Vicente Hernández-Hernández dijo...

Un saludo Sergio, gracias por los comentarios. Tienes razón cuando dices que el problema es complejo. Mi punto va en el sentido de los "comentarios" que a veces son usados en la divulgación. Sobre todo cuando de alguna manera "menospreciamos" los trabajos que otras ciencias tienen y en este sentido me remití al comentario de Martín en su blog.
Estoy de acuerdo con la visión que haces del "buen" divulgador (o "duvulgador completo", por así llamarlo), aunque eso de la "traición" no me convence del todo (gracias por la ref. al libro de Eco, lo buscaré).

Disculpa que siga con el tema, pero te pregunto ¿los ejemplos o símiles usados en divulgación (asumiendo que estos son correctos, desde el punto de vista del tema a divulgar) son traiciones al trabajo original científico? y ¿hasta donde un divulgador puede considerar que, como no es experto y su público tampoco, es valido hacer comentarios o incluso "mentir" (en el mejor de los sentidos, si es que lo tiene) para hacer más accesibles los temas?

Saludos

Anónimo dijo...

Perdon por meter mi cuchara...

Por principio de cuentas, me declaro un lego (no un juego de ladrillitos de plestico, je) en cuestiones cientificas. Por supuesto lo que ustedes dicen, solo los leo a la distancia y tratando de no perderme. No obstante, me parece muy interesante su intercambio.

Sí estoy seguro de algo: sea que la divulgacion cientifica la asuman "generalistas" (termino usado por el buen Tocayo Martin Bonfil) o por expertos en una ciencia dada, ES IMPORTANTE que la divulgacion cientifica no cese (es mas, aumente) pues nadie puede interesarse en lo que no comprende.

Y es vital interesarse en temas de ciencia, pues, COMO ELECTORES, en un futuro y en una sociedad (esperemos) civicamente mas madura, las decisiones politicas obedeceran a nuestro voto... UN EJEMPLO concreto: estamos en el umbral (con el agotamiento del petroleo) de escoger energias alternativas. el uso de reactores nucleares, es viable o no? en todos los frentes: ecologico, financiero, seguridad nacional ¿es viable? ¿por que si o por que no?

Si no sabemos al menos una embarradita de ciencia, la decision que se tome (esperemos que sopsortada en al opinion del electorado) sería solo basad en prejuicios, manipulaciones, temores. UNA SOCIEDAD IGNORANTE, SOLO PUEDE TOMAR MALAS DECISIONES. Peor aun, como ahora mismo, NO DECIDIR NADA.

En fin, para Sergio y Vicente, el "como" es motivo de una sabrosa discusion, pero lo que no está a discusión, es que DEBE SEGUIRSE Y AUMENTARSE LA DIVULGACION, es muy necesario.

Digo yo.

Luis Martin Baltazar Ochoa

Anónimo dijo...

Seria un placer que comentaras de vez en vez algunos de esos recortes de periódicos, solo de imaginarlos ya lo estoy disfrutando...

Un abrazo.

Mauricio

Sergio de Régules dijo...

Si un mapa traiciona a la esfera, entonces la divulgación es traición. Pero un mapa sólo SE REFIERE a la esfera, no pretende imitarla. La esfera es el tema del mapa, pero el mapa puede ser un producto hermoso e interesante por derecho propio.

Tú quieres que el mapa sea tan grande y detallado como el territorio al que se refiere, y así pueda sustituirse a éste, como el mapa de Borges. En ese caso, habría que hacer mapas del mapa y volvemos a empezar.

Farar dijo...

Leer sus post´s es como ver un video.

Sergio de Régules dijo...

Farar, me lo tomaré como cumplido. Gracias.