viernes, 28 de enero de 2011

Lengua y visión del mundo

Los malos traductores (todos los de la televisión mexicana, por ejemplo) creen que para traducir sólo hay que usar un diccionario y cambiar cada palabra por su equivalente en el otro idioma: pollito-chicken, gallina-hen... Pero, como sabemos, eso da resultados horribles, como estas expresiones, ya muy comunes en México, pero que no por ello dejan de ser espeluznantes: aplican restricciones, tuvimos sexo ocho veces y la máxima expresión de la incompetencia traductoril, que leí en el manual de una impresora hace muchos años: "cuando su impresora corre fuera de papel..."

Los buenos traductores, en cambio, saben que una lengua no es sólo una lista de palabras, sino una forma de ver el mundo en la que está codificada la mismísima cultura a la que esa lengua sirve de vehículo. Por lo tanto, traducir no es simplemente calcar, pero dejaremos esa discusión para otro momento.

Pues bien, este hecho acerca de las lenguas, tan conocido para los traductores y los escritores, ya está adquiriendo bases científicas medibles con las recientes investigaciones de diversos psicólogos, lingüistas y neurocientíficos, como informa Lera Boroditsky, del Departemento de Psicología de la Universidad Stanford en el número de febrero de la revista Scientific American. En su artículo, Boroditsky cuenta de unos aborígenes australianos en cuyo idioma las relaciones de posición entre los objetos se expresan siempre indicando los puntos cardinales, a falta de las palabras arriba, abajo, izquierda y derecha. Así, para describir mi posición en el momento en que escribo estas líneas tendría que decir que estoy sentado al norte de mi computadora, por ejemplo. Estos aborígenes están perpetuamente conscientes de su orientación, habilidad muy poco común entre los occidentales. He aquí un ejemplo del efecto de la lengua que uno habla sobre su percepción del espacio.

Boroditsky se preguntó si esta influencia sobre la percepción del espacio se extendería a la percepción del tiempo. Para probarlo les pidió a unos voluntarios de este grupo aborigen que ordenaran unas imágenes en su secuencia cronológica correcta; por ejemplo, una secuencia formada por un bebé, un niño, un muchacho, un hombre y un anciano. Mientras que los occidentales ordenamos el tiempo de izquierda a derecha (la dirección de nuestra escritura, por cierto), los hablantes de la lengua Kuuk Thayoorre siempre lo ordenan de este a oeste, sin importar cómo estén ellos orientados al llevar a cabo esta tarea. Así, el pasado queda siempre al este y el futuro al oeste (y de ahí el título del artículo de investigación de Boroditsky: "Remembrance of things east", en vez de "of things past", título de una célebre novela de Marcel Proust en su traducción al inglés). Boroditsky también menciona el caso de los hablantes de Aymara (grupo étnico de los Andes), caso estudiado por otros investigadores. En la lengua Aymara, el pasado está enfrente y el futuro atrás ("eres joven: tienes un largo futuro por detrás").

Más cerca de nosotros está el caso de la influencia de la lengua sobre la memoria de las acciones que presenciamos. En inglés para describir una acción no queda más remedio que identificar al agente, es decir, el inglés nos obliga a atribuirle la acción a alguien específico, sea la acción deliberada o accidental ("John rompió el florero", por ejemplo). En español, en cambio, si la acción es accidental tenemos la opción de decir "se rompió el florero", frase impersonal de la que se ha borrado toda referencia al agente. Para explorar el efecto de esta particularidad del español sobre la memoria de los hispanohablantes, Boroditsky y Caitlin Fausey pusieron a varios anglófonos, hispanohablantes y hablantes de japonés (idioma que también admite expresiones impersonales, como el español) a ver videos de dos individuos llevando a cabo varias acciones, como reventar globos y romper floreros, tanto a propósito como por accidente. Luego les pidieron a los participantes que describieran los hechos. Todos recordaron igual de bien quién había sido el agente en las acciones deliberadas, pero los hablantes de español y japonés mostraron menos memoria en el caso de los sucesos accidentales, diferencia que Boroditsky y Fausey atribuyen a la diferencia en el modo de describir estos acontecimientos en las tres lenguas.

El idioma que uno habla también puede afectar lo que se aprende con facilidad. Un caso interesante es el sistema de numeración en base 10. El principio de este sistema es relativamente sencillo: cada 10 números cambiamos de decena, lo que se indica con un segundo dígito a la izquierda; cada 10 decenas cambiamos de centena, etcétera... Todos conocemos bien este principio. Pero los niños tienen mayor o menor dificultad para aprenderlo según la lengua que hablen. Según Boroditsky, los niños que hablan chino aprenden más rápido este sistema porque en ese idioma los numerales (las palabras que nombran a los números) correspondientes a la primera decena se distinguen muy bien de los que corresponden a la segunda. No sé cómo serán esos numerales en chino, pero todos sabemos cómo son en español y en inglés: en español, después de "diez" viene "once", palabra que no lleva en su estructura ninguna información acerca de dónde se ubica el número en el sistema de numeración decimal. Luego siguen "doce", "trece", "catorce" y "quince", palabras de las que se puede decir lo mismo. Inmediatamente después está el "dieciséis", vocablo muy distinto, que sí indica que se trata del sexto número después de diez. En inglés sucede algo parecido: esos horribles "eleven" y "twelve", y peor, todos los números terminados en "teen", tienen etimologías misteriosas. En cambio en italiano, al "dieci" le sigue el "undici" y el "dodici" y el "tredici"... Y en finlandés los numerales de la segunda decena se expresan con palabras que significan "otra vez uno", "otra vez dos", "otra vez tres" (yksitoista, kaksitoista, kolmetoista...). Así pues, cabría espera que los niños italianos y finlandeses capten más rápido el sistema de numeración en base 10. Habrá que ver. Parece que los niños chinos sí.

Eso sí, si de lo que se trata es de hacer cálculo mental o recordar números telefónicos, tiene ventaja quien habla una lengua en la que los numerales son palabras breves. ¡Pobres finlandeses! Sólo para que se den una idea de las dificultades que enfrenta el pobre niño finlandés cuando se trata de recordar números, aquí está el número 32,534,756 ("treinta y dos millones quinientos treinta y cuatro mil setencientos cincuenta y seis") en esa lengua: kolmekymmentäkaksi miljoonaa viisi sataa kolmekymmentäneljä tuhatta seitsemän sataa viisikymmentä kuusi.

¿Y los que hablamos más de una lengua? ¿Cambiamos de opinión o de personalidad cuando cambiamos de lengua? Al parecer, sí. Yo lo sospechaba desde que, cuando estuve en Francia con unos amigos que no hablaban francés hace mucho tiempo, noté que se me dificultaba mucho ser yo otra vez por la noche con mis amigos luego de hablar francés todo el día. Boroditsky menciona estudios de personas bilingües de varias regiones donde se hablan dos lenguas (Israel, la frontera México-Estados Unidos, por ejemplo), que muestran que un mismo individuo puede manifestar distintos gustos y opiniones al pasar de una lengua a otra.

Esto tiene consecuencias para la psicología, desde luego, pero también para la educación, la lingüística, la diplomacia, la traducción, la aplicación de la ley. En una tira cómica de Mafalda, del caricaturista argentino Quino, Manolito se congratula de que "papá" se diga igual en francés que en español, pero Libertad lo niega: para decir "papa" en francés hay que pensar en francés. Luego de un esfuerzo vano por lograrlo, Manolito dice, desanimado: "jamás podré aprender ese maldito idioma". Ahora el cuento me parece todavía más gracioso por ser verdad.

10 comentarios:

José María Hdz dijo...

hola sergio. me acuerdo que cuandoe studié en italia, todos batallabamos para aprender ciertas palabras, sobre todo las que se parecen al español pero que no significan lo mismo, pero un amigo portugués estaba enojadísimo porque no podía aprenderse los días de las semana, que para el no tenian ningun sentido. yo le dije pues si son iguales: lunes, lunedi; martes, martedi; miercoles, mercoledi... y él me decía pues ya ves, son palabras al azar, en portugues los días son: domingo, segunda-feira, terça-feira, quarta-feira... hasta la sexta-feira que era viernes, y después sábado igual que español.
yo me sorprendí de lo práctico de ese método. Pero al final, seguía prefiriendo los nombres en español, que para mi gusto son bonitos, y aparte, me ayudó para no batallar en aprenderlos en italiano.
Pero algo que me soprendió más, fue que me acostumbré a que cuando alquien me hablara en otro idioma, luego luego cambiaba a italiano, y una vez me contestaron una llamada de telefono en ingles, y me tarde como 4 segundos en acordarme qué se decía en ese idioma para contestar. se me fue la onda gacho

Sergio de Régules dijo...

Me ha pasado exactamente lo mismo: con mis amigos, en Francia, me costaba mucho trabajo regresar al español, y un día en el metro alguien me hizo una pregunta en inglés. Cuando le contesté, ¡me salió el inglés con acento francés! No podía evitarlo. Me sentía como idiota, pero el cerebro no me respondía, como si hubiera una inercia para cambiar de idioma. Otro ejemplo del cambio de visión del mundo: en francés, por las calles de París, yo le hablaba a todo el mundo de usted, como se acostumbra en ese idioma incluso si tu interlocutor es más joven que tú. En españo, en cambio, tiendo a tutear fácilmente (aunque menos conforme me voy haciendo viejo).

Gerardo Gálvez-Correa dijo...

¡Ser!

¡Qué bonita entrada!

Te cuento que hace 2 ó 3 semanas, un domingo, mi esposa me telefoneó al trabajo para preguntarme si se me ofrecía algo, pues estaba en la librería.

De momento no se me ocurría nada, pero ella insistió: "Tal vez algún premio literario reciente, que te hayas quedado con ganas de leer." Vino entonces a mi mente Abril rojo, del peruano Santiago Roncagliolo, que alguna vez, por unos minutos, tuve y extravié en circunstancias que no vienen al caso.

Me lo regaló esa misma noche, cuando regresé de trabajar, y a pesar del agotamiento, no me pude resistir a la tentación de empezarlo de inmediato.

En la cama, al cabo de unas 10 páginas, se me salió decir en voz alta: "¡Qué bárbaro! Ésta es mi patria."

Medio adormilada, ella protestó: "¿Qué dices? Tú no eres peruano, ni conoces el Perú."

Sin interrumpir la lectura, le sonreí: "Me refiero al castellano."

Matalote dijo...

Sergio:
Que interesante artículo. La lengua nativa y las que aprendemos después influyen, además de nuestra visión del mundo, nuestra conducta, el tono de voz y la forma de pensar. Es muy interesante! Cambiar los canales entre unay otra lleva siempre a confusiones a veces simáticas y a veces, desastrozas.

Gerardo: Coincido contigo. Cuando se viven temporadas largas en Europa, las fronteras nacionales se diluyen y la identidad latinoamericana cobra mayor importancia, claro, determinada, además de por la historia común, por el lenguaje. Eso es maravilloso!

Jacobo Sierra dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con esto.

Actualmente estoy terminando de estudiar ingles y ahora cada vez que voy al cine me la paso encontrando errores de traducción que cambian la forma en la que se expresa una idea, ahora entiendo un poco mas el sentido del humor de las personas que hablan ingles y tambien me hace admirar aún mas la riqueza del español, porque, cómo hay de cosas que decimos nosotros que no se pueden expresar en ingles.
Saludos!!

jorge dijo...

Helo aquí! Sergio está en este artículo develando el misterio de la interpretacion de las Sagradas Escrituras Hebreas (Biblia).Estas están escritas en un entorno cultural Hebreo y nuestras traducciones al español pasadas por el griego distan mucho de las verdades que originalmente tienen.
Esto queridos amigos es el principio del entendimiento escritural; claro que esto es solo para buscadores de la verdad...
shalom!!

belli | autohipnosis dijo...

Que razon tienes hay cada manual por hay que tiene unos errores de traduccion garrafales. Incluso he visto manuales en los que dejan palabras sin traducir.
Un saludo.

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

Sergio, este articulo tuyo provoca en nosotros una diferente opinion de acuwerdo a una diferente experiencia o vision de lo que nos dices. Esto en si mismo es interesante y digno de analisis.

Fijate, una vez pretendiendo aprender ingles (aun soy muy principiante y empirico en esto) de lo que me llamó la atencion, es que no solo es importante pronunciar adecuadamente las palabras en ingles (ingles de EEUU), sino, ¿como decirlo? darle un fraseo, una entonacion especial de ellos. Es dificil decirlo por escrito... me parece a mi como que ne la palabra final de la frase, hacen un enfasis, que en ese idioma le da el caracter correcto a la frase; pero en español (para los que aun malamente mezclamos el ingles queriendo que suene a español) suena como si "se admiraran" como si "se asombraran" de lo dicho... cuando la frase en si no tiene nada de raro. Esta inconexion de un idioma con la "musicalidad" de otro, al menos en mi caso, me habla de unos estadounidenses exagerados, aparatosos, de aspavientos (que no es asi solo por eso, pues ya digo, es el hecho de "diagnosticar" una frase en igles, queriendo que suene como si fuera en español)...
Por ejemplo, el ingles britanico, suena muy bien, como si todos fueran doctos o eruditos
Por ejemplo el portugues brasileño suena afable, amistoso, muy fraterno
El español de españa me da la idea de impaciente y brusco, como si hubiera un reclamo esperando en algun recoveco
El italiano, sin entenderlo, solo por su melodia, suena desenfadado, muy casual, como dispuesto a irse de pinta de la escuela o en pleno san lunes si fuera dia laborable
El frances me suena como si hubieran secretos por guardar, complicidades que tender, como si en cada frances hubiera un aventurero, no demasiado amables, pero si muy complices.
En fin, creo que esto es mas que una cualidad innata y objetiva de cada uno de esos idiomas, lo que mas bien me provoca esa "melodia particular" de ellos, pero interpretada a la luz del español este que hablamos. al menos yo.

Por ultimo, Sergio, la idea que el idioma que tenemos CONDICIONA la manera en que juzgamos (una muy dificil evitable subjetividad), me provoca una pregunta a ti: ¿una investigacion cientifica, con ustedes que son multinacionalidades, que influencias tiene? ¿que provoca? Y LO MAS INTERESANTE ¿ustedes son concientes de ello? ¿sin que haya pleito en ello?

... cada pregunta rebota en otra. ¡excelente!

MediosLocales dijo...

Estimado Sergio, yo creo que de plano ese manual de impresora que mencionas no lo tradujo un traductor, sino un software. Es lamentable empeñarse en no acudir a un traductor profesional.

Antígona dijo...

Acabo de descubrir esta entrada Sergio, qué maravilla. Y miren además está lo femenino y masculino. Por ejemplo Sol es masculino en nuestro caso pero si no mal recuerdo es femenino en alemán y esto tiene que ver con lo que asociamos con las características de cada sexo.