lunes, 23 de marzo de 2009

GOCE en el espacio

Cuando te enamoras de alguien, deseas conocerlo hasta el último detalle. Esta ansia de conocimiento la mueve el amor, pero la información que obtienes de tu arrobada contemplación del ser amado podría serte útil no sólo para deleitarte con sus encantos, sino para entenderlo mejor y quizá un día sacarlo de dificultades.

Amor y deseos de entender y ayudar a la Tierra movieron a la Agencia Espacial Europea (ESA) a construir el satélite GOCE, lanzado el 17 de marzo, después de un montón de retrasos, desde el cosmódromo de Plesetsk, Rusia. El satélite más bonito del mundo (opinión de sus creadores, pero fácil de compartir) es un prisma octagonal de cinco metros de largo por uno de diámetro y su misión es trazar el mapa más detallado del campo gravitacional de la Tierra.

Uno no siente que pese más en Mérida que en Ensenada, ni en la playa de Acapulco que en la punta del Popocatépetl. La gravedad es la gravedad,  y en la escuela nos enseñan que tira de nosotros con una fuerza que nos haría caer con una aceleración de 9.81 kilómetros por segundo al cuadrado. Pero, como siempre, la verdad es más complicada y rica de lo que nos dijeron en la escuela. Para empezar, las cosas se complican con la rotación del planeta: lo que está cerca del ecuador está girando muy rápido. La fuerza centrífuga reduce el peso de los objetos en las latitudes bajas, efecto que no ocurre en las regiones polares. Por si fuera poco, se sabe que esta fuerza centrífuga hace que los polos estén 20 kilómetros más cerca del centro de la Tierra que el ecuador.

Todo ejerce gravedad sobre todo lo demás. El peso de uno es la suma de las contribuciones de cada partícula del planeta: cada piedra, cada montaña, cada hoja seca, cada brizna de hierba. La distancia también cuenta: los objetos cercanos nos atraen más que los lejanos, gravitacionalmente hablando. Eso quiere decir que hasta un edificio en las cercanías puede alterar localmente las condiciones de gravedad y con ellas el peso de las cosas. Una montaña de 2 kilómetros de altura en el lecho oceánico produce un bulto de 2 metros de altura y unos 40 kilómetros de diámetro en la superficie del mar.

El satélite GOCE (Gravity Field and Steady-State Ocean Circulation Explorer, o Explorador de campo gravitacional y circulación oceánica estacionaria) operará en una órbita muy ceñida a la Tierra, a unos 250 kilómetros de altitud, donde queda todavía un tenue fantasma de la atmósfera. A las velocidades del satélite, incluso estas hebras de aire pueden alterar su órbita. Así, la nave tiene aletas y una forma relativamente aerodinámica. Hela aquí:




En sus giros, la nave (como todos los satélites) irá bamboleándose en respuesta a las irregularidades locales del campo gravitacional, un poco como un coche en una carretera desigual. Para medir estas irregularidades  el GOCE lleva un sistema de tres pares de pesas suspendidas a finísimos resortes que sirven para registrar el bamboleo en tres dimensiones. Al mismo tiempo, la posición exacta de la nave se rastrea usando los satélites del sistema de localización GPS. Con esta información el satélite GOCE trazará amorosamente el retrato gravitacional detallado de la Tierra. El mapa que resulte de la misión servirá para entender mejor el interior del planeta y los efectos de lo que ahí ocurre (por ejemplo, los terremotos), y también para definir un patrón de altitud mundial: un nuevo nivel del mar, que sería la superficie imaginaria de las aguas  si no hubiera vientos ni corrientes. Una vez conocida la forma exacta de esta superficie (llamada geoide por razones históricas), se la puede usar para compararla con los datos de altitud del agua medidos por otros satélites y deducir la intensidad del oleaje y las corrientes marinas. Esto a su vez nos ayudará a entender mejor el clima y sus cambios.


Geoide con protuberancias y depresiones muy exageradas. El satélite GOCE nos dará un retrato más preciso del campo gravitacional de la Tierra


El satélite GOCE puede detectar desviaciones del campo gravitacional de una parte en 10 billones. Rune Floberghagen, jefe del proyecto en la ESA, dice que esto equivale a poder detectar el efecto de la caída de un copo de nieve sobre un buquetanque. 



El satélite más bonito del mundo

Para restituir la energía perdida por fricción con la atmósfera (o lo que queda de ella a 250 kilómetros de altitud) el satélite GOCE lleva unos propulsores eléctricos de muy baja intensidad que funcionan expulsando átomos cargados, llamados iones. Estos propulsores iónicos son una novedad (aunque el concepto existe desde que Robert Goddard se imaginó que se podía viajar por el espacio con motores a reacción, o cohetes, a principios del siglo XX). Los del GOCE los fabrica una empresa británica, lo que ilustra bien una cosa bien sabida: que la exploración del espacio estimula el desarrollo tecnológico porque pone a cooperar instituciones académicas y empresas privadas.

Luego de 20 meses de exploración, los creadores del satélite usarán las últimas reservas de gas xenón del propulsor iónico en la delicada maniobra de llevar la nave a su destrucción. El amoroso observador se incinerará en la atmósfera y caerá al mar en un lugar seguro.








5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sergio: ¿o sea que en las carreteras espaciales de los satelites, TAMBIEN hay baches y chipotes? ¡porca miseria!

jaja, ya en serio, que maravilloso esfuerzo y hay qu estar atento a ver que revelaciones nos hace este BONITO (tienen razon) satelite GOCE.

Luis Martin Baltazar Ochoa

Sergio de Régules dijo...

Sí, parece que el espacio es como mi colonia. Bueno, todo el espacio no: sólo el espacio cercano a la Tierra y sólo cuando uno se pone en órbita. Pero, igual que en mi colonia, tampoco hay con quién quejarse. ¡Porca miseria, en efecto!

Mario A. Mora Lara dijo...

Hola sergio y amigos

les paso un link donde hay mas información del GOCE

http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/satelite-goce-completa-fase-inicial-orbita.html

Aprovechando el viaje, podras platicarnos algo de los sucesores del transbordador espacial?

Anónimo dijo...

Me uno a la peticion de Mario, sobre que nos platique Sergio sobre las nuevas opciones para sustituir al transbordador.

Recuerdo que uno de lso argumentos cuando se lanzo el transbordador, era que al ser reutilizable, abatia la ENORME cantidad de basura espacial que se quedaba en el espacio, pues de los grandisimos cohetes, solo la "nariz" era espacio util, y todo lo demas quedaba ahi arriba enchinchando... ¿los lanzamientos alternativos actuales de lso europeos, con sus cohetes ariane, o los rusos o chinos o indios, reusan sus restos o contribuyen a la chatarra orbital?

Ojala nos ilustre Sergio en esto

Diego Feld dijo...

Corrige: Son 9.81 m/s2 (El valor 9,81 es la aceleración de la gravedad en metros no kilómetros)