viernes, 31 de mayo de 2013

El martirio científico como aspiración

La semana pasada se celebró el congreso conjunto de divulgación de la Red de Popularización de la Ciencia de América Latina y el Caribe y de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la técnica en Zacatecas. En una conferencia magistral el físico portugués Joao Magueijo nos contó sus experiencias de investigador convertido en divulgador de su propia ciencia. Magueijo es conocido por haber propuesto, junto con otros, que la velocidad de la luz ha ido cambiando a lo largo de la historia del universo. En la física mainstream la velocidad de la luz tiene fama de constante. Es más: nuestra imagen científica del mundo depende crucialmente de que lo sea. La idea de Magueijo es revolucionaria... si se confirma.

Joao Magueijo es culpable de dos actos que en ciertas partes de la comunidad científica se consideran pecados: escribir un libro de divulgación de la ciencia y tener éxito con su libro. Incluso habló del "efecto Sagan": el astrónomo y divulgador Carl Sagan fue objeto de ataques por haber realizado un programa de televisión que vieron varios miles de millones de personas. Uno se puede reír de los científicos envidiosos que le reclaman a Magueijo el ser popular, pero el físico portugués también ha incurrido en otro pecado más cientificamente importante: en opinión de muchos físicos, su idea no es necesaria. En ese caso, Magueijo (y otros: desde luego, no es el único al que se le ha ocurrido esta idea) estaría proponiendo trastocar la física nada más porque sí (exagero, pero por el momento no es muy importante entrar en detalles).

Magueijo dio una plática muy entretenida. Nos contó "lo bueno, lo malo y lo feo" de sus relaciones con sus colegas y con la prensa. De sus colegas cuenta que ahora lo miran de soslayo y con desconfianza y de la prensa (sobre todo la especializada) dice que lo han malinterpretado hasta niveles absurdos. A decir verdad, me dio la impresión de estar un poquito amargado. Luego también detecté un susurro de algo más inquietante: ¿estaba empezando Magueijo a verse a sí mismo como un mártir de la ciencia?

El mártir de la ciencia es un personaje arquetípico. Es primo del mártir en general, personaje atractivo que nos gusta por su estoicismo taciturno y por su nobleza. En el caso del mártir científico, su historia típica va así: descubres, o se te revela, un resultado asombroso, nadie te cree, tú perseveras y te mantienes firme cuando en tu derredor todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza, al final viene el gran momento de la reivindicación cuando se reconoce que tú tenías razón, te dan el Premio Nobel y tus enemigos se tienen que tragar sus palabras. La tentación de ponerse en este papel es muy grande.

La historia de la ciencia se narra muchas veces como una sucesión de genios incomprendidos y mártires. A veces incluso la historia es verdad: es el caso del físico israelí Dan Shechtman. En 1982 Shechtman encontró un material de estructura imposible. Perseveró y se convenció de que era cierto lo que le mostraban sus aparatos. Lo corrieron de su equipo de trabajo y lo mandaron a releer los libros de texto de su especialidad. El Premio Nobel de química Linus Pauling se burló de él. Pero pasaron los años, la gente se fue convenciendo y, para no hacerles el cuento largo, en 2011 Dan Shechtman recibió el Premio Nobel de química por descubrir una clase de materiales hoy llamados cuasicristales. En el caso de Dan Shechtman la historia arquetípica del mártir se realizó cabalmente; pero en otros casos el modelo del mártir es falso.

Es (posiblemente) el caso de la bioquímica Felisa Wolfe-Simon, del Instituto de Astrobiología de la NASA, que en 2010 publicó con unos colegas un artículo en la revista Science. El artículo informaba que los investigadores habían descubierto una bacteria originaria del lago Mono, California, que usaba arsénico en vez de fósforo para realizar diversas funciones. Todos los seres vivos de la Tierra usan fósforo. El que un organismo pudiera remplazar el fósforo por arsénico abría un montón de posibilidades para la vida en otros planetas. Todo indica que la NASA se precipitó al anunciar el resultado provisional de Wolfe-Simon y colegas. Todo indica también que la revista Science fue menos meticulosa que de costumbre, quizá por tratarse de un resultado con tal potencial para causar un gran impacto en la ciencia. El mismo día del anuncio y de la publicación del artículo ya muchos blogs científicos habían despedazado el resultado con análisis implacables de esos que a los científicos les gusta aplicar, especialmente a los resultados ajenos. Así pues, tres días después del anuncio ya era consenso que el equipo no había sido suficientemente diligente con sus evidencias, que la investigación estaba mal hecha y que la conclusión, por lo tanto, no se sostenía. Con todo, según dicen algunos, Felisa Wolfe-Simon siguió presentando el resultado en foros extracientíficos como si fuera cierto pese a la opinión de una comunidad de especialistas muy exigentes. La científica incluso había empezado, en sus pláticas, a hacer alusión a todos los personajes del pasado que fueron objeto de escarnio antes de verse reivindicados. Felisa Wolfe-Simon quizá había empezado a vestirse de mártir. (Mi amiga Antígona Segura, investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM --que es amiga de Wolfe-Simon-- me cuenta, por otro lado, que la reacción de los colegas científicos no ha lucido tampoco por razonable: en los congresos, dice Antígona, la gente rehuye a Wolfe-Simon y le han aplicado la ley del hielo.)

He aquí las etapas por las que pasa el científico que se está erigiendo en mártir de la ciencia: primero empiezas a verte como un iconoclasta, una persona con ideas demasiado avanzadas para la comunidad científica. Luego toda crítica te empieza a parecer un ataque con motivos siniestros, un esfuerzo de ocultar la verdad, en vez de un procedimiento estándar en la ciencia para mejorar la calidad de los resultados científicos. Después empiezas a enumerar casos históricos de iconoclastas reivindicados: Galileo, Colón, los hermanos Wright. Finalmente, te empiezas a decir que, si se ríen de ti, es prueba de que en el fondo tienes razón. Ahí sí ya te perdimos.

Pero, como dice Carl Sagan, "se rieron de Colón, se rieron de los hermanos Wright... pero también se rieron de Bozo el Payaso". No es Galileo toda persona que haya sido objeto de burlas. Muchas veces las burlas no están erradas. Es más, yo diría que, en general, por cada Colón hay miles de Bozos, pero sólo nos llegamos a enterar de los colones y pervive el mito del mártir científico.

6 comentarios:

El Editor dijo...

Muy buen artículo. Mientras lo leía iba pensando en lo que comentas al final. Los locos justifican sus locuras con aquello de "también se rieron de Galileo". Es una estrategia típica de los pseudocientíficos. Yo, más que la contestación de Sagan, siempre les digo que Galileo demostró su "locura".

CARLOS Q.

José María Hdz dijo...

Aquí es cuando el escepticismo trabaja en tu contra. Saber escuchar las criticas hacia ti y ser objetivo acerca de eso es una virtud. También entiendo que la forma de recibir la critica influye; si se burlan de ti por sugerir algo nuevo es más probable que te empeñes en demostrar tus suposiciones para poder callar a quién se burló de ti; si solo es una critica en el sentido de poner en duda lo que dices o pedir que muestres más pruebas, se debe de tomar de una manera más positiva.
Mi papá es de los que a un argumento en una discusión solo responde 'eso no es cierto' o 'ahora resulta...' y lo peor es cuando se comienza a reír para hacer ver que lo que dijiste es ridículo, y es ahí cuando sacamos todos el celular para buscar la prueba de que lo que dijimos es cierto.

Saludos, Sergio.

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

Estimado Sergio, es MUY interesante tu articulo. Nos deja ver los entretelones de las relaciones entre científicos. Unas ideas:
-Creo que el problema comienza con esos científicos que se BURLAN de sus colegas; esos científicos que para efectuar su critica a las ideas expuestas por su colega (muy valido y necesario) las ridiculizan. Por supuesto que NO ES NECESARIO mofarse de una idea para hacerle una critica ni para dejar sentado en que tiene fallas…
-… PERO, el mofarse, el ridiculizar las ideas del otro, no solo es oponerle objeciones a las ideas, es LIQUIDAR al otro, es dejarlo tendido, sembrado.
-Sinceramente, el que usa ridiculizar como método usual en el, lo que realmente quiere decir es QUE SE SIENTE SUPERIOR al resto de lso mortales e incluso superior a sus pares. SE SIENTE UN ILUMINADO, PUES.
- Lamento decirlo, Sergio, pero siendo un ignorante completo de ciencia, peor con mi opinión propia, DESDE FUERA percibo que la SOBERBIA, el creerse pieza única, no es la excepción a la norma, es mas bien MUY COMUN entre los científicos.
-¿Cómo sorprende entonces lso encontronazos de científicos con esos ENORMES EGOS, y mas si los atacados ( mártires en ciernes) y los atacantes (desagradables burlones) cojean de la misma pata, es decir, son soberbios UNOS y OTROS?
- Sergio, con frecuencia visito el blog de Martin Bonfil y ahí vertí una opinión de la que sigo en lo mismo y me la reafirma lo dicho por ti en este inserto: que A VECES los científicos, y la ciencia también (en tanto es la expresión de esos científicos) cae en actitudes de GRAN SANEDRIN, es decir, no se digna atender ni a fenómenos nuevos ni a ideas nuevas, no va a buscarlas, sino que, A LO MAS, se digna “ofrecerles audiencia” que termina siendo mas bien un juicio despiadado, donde aquel hecho o aquella idea es falsa hasta que no se demuestre lo contrario, es presionada y acusada de todo, hasta de malintencionada. GRAN SANEDRIN, ni mas ni menos. Y ahí decía yo que esto, según lo veo, es porque para efectos practicos, lso científicos (esos que digo de A VECES) se comportan cada vez mas como una NUEVA ARSITOCRACIA. Como una arsitocracia: sintiéndose diferentes en substancia, diferentes como superiores, y mirando a los demás de soslayo (exactamente como lo dijiste de esta investigadora amiga de tu amiga Antigona).
- El problema es que ese A VECES, yo con el tiempo veo que son MAS VECES.
- Yo mismo lo he sentido, y por favor, ya he dicho que en esto soy pero un parvulito. Principiante por completo. Pero por eso mismo, NO ENTIENDO como un científico hecho y derecho, al hacer una critica a mis ideas NO PUEDA RESISTIR LA TENTACION DE SER SARCASTICO, IRONICO, BURLON O DE PLANO SENCILLAMENTE PATÁN, no lo entiendo. Si se tiene la razón, no hay necesidad de buerlarse.
- MI CONCLUSION es entonces, que el autoconcepto de no solo algunos de lso cientiticos, SINO DE MUCHOS DE LSO CIENTIFICOS es anormalmente agrandada; su autoconcepto es exagerado, o sea, son soberbios. Y eso, inevitablemente los lleva a mensopreciar a lso demás (sobre todo a lso que no somos científicos, como si fuera una fraternidad de escuela) incluidos a sus colegas. Para mi esa es la razón pro la que TANTOS científicos se quejan no solo de que criticaron sus investigaciones, sino de que SE BURLARON, yendo mas alla: no solo la idea es falsa, es mas, es tonta y es mas, el que la propuso es un tonto. Por decir lo menos.
-Cuando la ciencia y los científicos, avanzan asi, dependiendo de tipos arrogantes y lo peor, que permiten que la SUBJETIVIDAD afecte al conocimiento su progreso, PUES ENTONCES NO ME EXTRAÑA que haya dos efectos: UNOS sintiéndose el Gran Sanedrin con derecho de poner en un tribunal a las ideas “herejes” y OTROS sintiéndose Martires. Y eso es cosa de lso científicos y su comunidad, los científicos son los que han hecho todo esto.

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

(sigue)… esto es de mi parte: No creo en los sarcasmos. Claro que a veces son divertidos y son ingeniosos y hacen reir, pero es de esas risas A COSTA DE OTROS. Esas risas que requieren una victima e implican uno que se erige como mejor. El reírse DEL OTRO, NO CON EL OTRO… y como no me gusta que se rian DE MI, renuncio expresamente al sarcasmo, a la ironia, al ridículo impuesto. Es por congruencia. En el teatro, VALE, es un recurso, es divertido y ya está. En la vida real, NO SE VALE.
Saludos.

Meta dijo...

ahora escuchaba tu comentario en imagen y hablabas de como se escucha una conversacion y como se distorciona el mesaje en una trascripción, hay un libro muy interesante que expone esto, el libro se llama "El hombre gramatical" de Jeremy Campbell y explica algo que usamos mucho y es la redundancia, y como el ser humano y la naturaleza usa esta redundancia para transmitir todos los mensajes que se envian que por cierto son muchisimos

Luis Martin Baltazar Ochoa dijo...

Sergio, tambien me gustó mucho tu cápsula cientifica en Imagen... ojalá todas las intervenciones allá, las pusieras en tu blog, permite opinar y aportar mejor, mas a gusto. Saludos.