lunes, 22 de septiembre de 2008

La astronomía tiene ojos españoles

En la escuela nos imparten una idea de la historia tan falsa como la que nos dejan de la ciencia. Según esta visión escolar, los hechos del pasado se conocen con toda certidumbre, como si los historiadores tuvieran máquinas del tiempo para ver las cosas con sus propios ojos, y como si ver con los propios ojos bastara para comprobar una verdad que es absoluta –como si las cosas en historia no dependieran en buena medida de la interpretación. Así pues, el pasado es inamovible: nada puede hacernos cambiar de parecer acerca de las hazañas de los próceres y las traiciones de los infames. En realidad la cosa es más complicada: los historiadores interpretan documentos, y éstos son más numerosos cuanto más cercano está un acontecimiento en el pasado. Conocemos mejor las andanzas de don Benito Juárez, en el siglo XIX, que las del rey Arturo, en el siglo IV, V o VI (ni siquiera sabemos si existió de veras). Y cuando los historiadores descubren nuevos documentos, es posible que cambie nuestra interpretación de los acontecimientos históricos. Los historiadores andan cambiando el pasado todo el tiempo.

Hace 20 años estaba de moda un juego de preguntas llamado Maratón. Tu turno consistía en sacar una carta y responder una pregunta sobre uno de varios temas. Algunas preguntas tenían que ver con ciencias, y en particular con la historia de la ciencia. Si respondías bien, podías mover tu ficha una casilla hacia delante, si contestabas mal, avanzaba la ficha negra de la ignorancia.

Así, una vez, jugando con unos amigos, me tocó la siguiente pregunta: ¿quién inventó el telescopio? Antes de contestar me dije lo siguiente: “es un error común pensar que el inventor del telescopio fue Galileo Galilei, científico italiano del siglo XVII. Lo dice hasta en la estampita sobre Galileo que te venden en la papelería, pero es falso. Los físicos y los astrónomos sabemos que Galileo perfeccionó un diseño que ya existía en Holanda. El verdadero inventor fue Hans Lipperhey, pero no creo que lo sepan los fabricantes del Maratón, así que mejor seamos prudentes”. Muy ufano, contesté: “La estampita va a decir que fue Galileo, pero no es cierto. Bueno, digamos que mi respuesta es Galileo, aunque les advierto que está mal”. ¡Sorpresa!, la tarjetita atribuía la invención del telescopio a Isaac Newton, quien nació el año en que murió Galileo. Aquello sí que era un error, porque Galileo es famoso por haber usado el telescopio para mirar al cielo y hacer varios descubrimientos importantísimos en 1609, treinta y tres años antes de que Newton viera la luz del día. Con todo, no hubo manera de convencer a mis contendientes, poco versados en historia de la astronomía. Avanzó la ignorancia (¡y en qué modo!).

Con este amargo recuerdo en mente leí la noticia que me mandó mi amigo y colega divulgador Rolando Ísita este fin de semana: ¡el telescopio tampoco lo inventó Lippherhey ni ningún holandés, porque se inventó en España! (Bueno, quizá...).

En un artículo recién publicado en la revista History Today, el informático metido a historiador Nick Pelling cuenta que se interesó en el tema cuando encontró en Internet una referencia a una investigación que realizó un historiador aficionado español llamado Simón de Guilleuma. Luego de seguir un tenue rastro histórico durante varias décadas, Guilleuma, a los 73 años, anunció sus descubrimientos en una transmisión de Radio Barcelona. Pero ya se sabe que las ondas hertzianas se las lleva el viento. El trabajo del historiador catalán cayó en el olvido.

En sus investigaciones, rescatadas por Nick Pelling, Guilleuma narra que en 1609 un autor italiano llamado Girolamo Sirtori contó en un libro su encuentro con Juan Roget, fabricante de anteojos catalán. Decía Sirtori que Roget había inventado el anteojo de larga vista, o telescopio. Guilleuma se interesó en este personaje y se puso a hacer indagaciones. Escarbando en los registros de la época, encontró los nombres de varios Rogets, parientes de Juan, que también fueron fabricantes de anteojos. Luego hurgó en los archivos que contienen los inventarios de las pertenencias de las personas muertas en Barcelona y encontró varias menciones de la palabra "ulleras", que significa tanto "anteojos" como "telescopio". La más antigua, y una de las menos ambiguas, era del 10 de abril de 1593. En esa fecha, un tal Don Pedro de Carolona le legó a su esposa "un anteojo largo decorado con bronce". La investigación de Guilleuma quedó incompleta, pero Pelling la retoma y trata de atar varios cabos para mostrar que, contra las afirmaciones de inventores holandeses e italianos de la época, el fabricante de telescopios más antiguo es el catalán de origen francés Roget. Pelling interpreta los pocos datos que hay para construir una verdadera historia de detectives que explicaría por qué en el transcurso de una semana de octubre de 1608 no menos de tres inventores holandeses solicitaron patentes para el telescopio. Uno de esos inventores era el célebre Hans Lipperhey. Según Pelling, las tres solicitudes son fraudulentas.

Así pues, ¿quién inventó el telescopio? En la historia, como en la ciencia, nada es "verdad" hasta que no lo acepta la mayoría de la comunidad de profesionales pertinente. Para eso Pelling los tiene que convencer. Su artículo no es el anuncio de una verdad revelada, sino una invitación al debate, como todo artículo especializado, sea de historia o de ciencia. Entre tanto, podemos ver su narración como una interesante historia de misterio.

He aquí un extracto del artículo de Nick Pelling en History Today, traducido sin permiso por su servidor:

"Que los instrumentos de trabajo de Juan Roget estuvieran oxidados en 1609, como afirma Girolamo Sirtori, y que el artesano ya estuviera retirado para entonces es consistente con la posibilidad de que el telescopio que Don Pedro de Carolona legó a su esposa en 1593 fuera uno de los que fabricó Roget. Esto es lo que creía Simón de Guilleuma. Pero a mí me intriga más la subasta de los bienes de Jaime Galvany, que se llevó a cabo en Barcelona en septiembre de 1608. Si aceptamos, con Guilleuma, que lo que se subastó en esa ocasión fue un telescopio de Roget, creo que se puede reconstruir una secuencia plausible de los hechos más importantes.

"En 1608 la Feria de Frankfurt se celebró de principios hasta finales de septiembre. Esta feria era popularmente considerada la mejor oportunidad en todo el año para vender productos novedosos a precios altísimos. Así pues, supongamos para empezar que el avispado comprador de la subasta lleva este telescopio de Roget a la feria, pero con las prisas le rompe una lente.

"Al llegar a la feria, el mercader no consigue que nadie le haga caso. No tiene influencias para colarse en los círculos adecuados. Entonces se encuentra con un holandés de 20 años llamado Zacharias Janssen, vendedor de anteojos itinerante. El mercader le permite a Janssen tratar de venderles el telescopio a sus contactos de la feria, accediendo a dividirse con él las ganancias.

"Janssen da aviso de que tiene a la venta un artículo insólito y consigue una cita con el acaudalado John Philip Fuchs. Con su arrojo de vendedor, Janssen se declara inventor del artefacto y exige por éste un precio escandaloso. Pero el joven con su lente rota le da mala espina a Fuchs, que rechaza la oferta.

"El comerciante le devuelve el telescopio a su dueño. Pese a lo interesante del aparato, nadie lo quiere comprar en lo que el dueño piensa que vale. Los socios se despiden y el mercader regresa a Barcelona. Supongamos que se trata del marsellés Honorato Graner (otro personaje de la historia de Guilleuma), quien dejaría un telescopio parecido en 1613 y cuyo acento Janssen, en su ignorancia, bien pudo tomar erróneamente por italiano.

"El holandés, entre tanto, concibe una añagaza: copiar el telescopio del mercader, para lo cual regresa a Middelburg veloz como un rayo. Aunque ignora cómo se combinan las lentes, se convence de que puede resolverlo si manda traer varias del taller de Hans Lipperhey. Pero cuando Lipperhey le muestra el conjunto de lentes, Janssen no puede resistir la tentación de alinearlas para comprobar si está a punto de hacerse rico... y con esta acción precipitada e imprudente, el secreto se hace público.

"Se ha iniciado la carrera, aunque el joven comerciante no se da cuenta. Janssen y Lipperhey poseen el mismo secreto, pero el fabricante de anteojos le lleva la ventaja de la experiencia. Así, mientras Janssen construye trabajosamente su aparato como va pudiendo, Lipperhey lo rebasa por la izquierda, muestra un telescopio al príncipe Mauricio de Nassau el 25 de septiembre y a la semana solicita una patente. Janssen hace una demostración de su propio telescopio el 14 de octubre, pero la oportunidad ha pasado. El cuento del "telescopio holandés" ha empezado sin él.

"Si es correcta esta reconstrucción, coincide en casi todo con el informe de Sirtori y al mismo tiempo explica diversas anomalías provenientes de otras fuentes, como el asunto de la lente rota. De hecho, en la investigación de Simón de Guilleuma, Sirtori queda más como primer investigador de la historia del telescopio que como candidato a inventor de ese aparato.

"Si los historiadores modernos siguen el rastro de la familia Roget de Barcelona, Gerona y Aveyron, quizá emerja un cuadro más completo. Así puede resultar que, como creía Simón de Guilleuma, la historia del telescopio no haya empezado con una serie de extrañas coincidencias en Holanda, sino con un genio solitario en Cataluña. ¿Será que durante 400 años los astrónomos, sin saberlo, han mirado el cielo con ojos españoles?"


Bonita historia, ¿no creen?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sergio, si bien soy curioso y me interesan los temas cientificos, en cuestiones de historia ese interes se multiplica por dos, por tres por diez... me encantan esas narraciones de genios, pillos, gandallas, y las remezclas que entre elos se dan a ratos.

Te quiero proponer una cuestion, a proposito de tu presentacion inicial: LA HISTORIA VERDADERA CLARO QUE SI EXISTE. Hchos concretos, ejecutados en tiempo y espacios concretos. LO QUE NO EXISTE es un registro estricto de TODO LO QUE PASA, y como nos ha demostrado esa misma historia tan estupenda, lo que ahor ano parece crucial lo será en un futuro.

LA HISTORIA VERDADERA si que existe, pero la comrension de ela es la defectuosa, dificil, lenta, progresiva y ascendente. Pero eso es el defecto de quien lo lee, pero de ninguna manera de lo acontecido.

Algo parecido me ocurre con quien me afirma "la verdad absoluta no existe"... ¡carambas, claro qu existe! que seamos incapaces de percibirla, ESA ES OTRA COSA, pero decir que el COSMOS no es perfecto y articulado, y quererlo relativizar, como si fuera CAOS, bueno, eso es cosa nuestra, proyectar nuestros defectos humanos en el resto de las cosas.

¿que opinas, la verdad es, o no es, sencillamente porque la desconocemos? Un saludo grande

Luis Martin Baltazar Ochoa

Alejandra Madrid dijo...

Sencillamente me fascinó este artículo. Así como te lo expresa Luis Martin Baltazar Ochoa, me encantan las entradas sobre la ciencia, por eso me gusta leer tu blog, pero que escribas sobre historia es algo maravilloso.

Concuerdo con el Sr. Baltazar, la verdad absoluta existe, sólo que está fuera de nuestra comprensión, tal vez algún día la conozcamos, pero esa ya es otra historia...

Anónimo dijo...

¡Ash! Éstos catalanes... ¿qué se están pensando?

Bartomeu Costa-Amic, el catalán que jamás dejaba de editar un manuscrito mexicano, aseguraba que Colón (Colom, escribía él) era --como el propio Costa-Amic -- catalán nacido en Mayorca.

No hay hazaña histórica, por lo visto, que un catalán no esté dispuesto a atribuir a otro compatriota suyo.

Mañana nos van a decir que Jesucristo era catalán...

Sergio de Régules dijo...

Colón era azteca: ésa es la verdad absoluta. Ya en serio, la verdad absoluta puede existir o no, el problema es que no tenemos manera de saberlo. Mientras más lo pienso, más creo que la idea de verdad absoluta es religiosa porque sólo un dios podría conocerla. Los que no estamos convencidos por esa hipótesis pensamos que no nos queda más remedio que interpretar lo que nos dicen nuestros sentidos y nuestro intelecto, porque nadie más nos va a acercar a la verdad. Así pues, la historia sólo la conocemos por los vestigios, y éstos hay que interpretarlos. Nunca nos dicen exactamente qué pasó. Dicho lo cual, yo personalmente creo que esos vestigios son vestigios de ALGO que sí pasó, aunque no haya la menor esperanza de conocer exactamente ese algo. Igual con la naturaleza y la realidad. Ay, qué complicado. Gracias por sus mensajes tan interesantes.

Anónimo dijo...

Me permito copiaros una carta que un historiador de la ciencia español mandó a los periódicos en referencia al texto de 'History Today'. Por si es de vuestro interés. Felicidades por el bloc!

"Ante la noticia aparecida estos días en distintos medios de comunicación sobre la sorprendente hipótesis -publicada en 'History Today' y firmada por Nick Pelling, informático, consultor e historiador en ciernes- consistente en que el inventor del telescopio fue un español, deben hacerse algunas puntualizaciones. Esa sorprendente hipótesis fue publicada ya hace más de 100 años, concretamente en 1891, por el matemático, historiador y Director de la Imprenta Nacional D. Felipe Picatoste en 'Apuntes para una Biblioteca Científica Española', obra que mereció el Primer Premio establecido por la Biblioteca Nacional. Esta obra es conocida y utilizada habitualmente por todos los historiadores de la ciencia, habiéndose reeditado recientemente. Picatoste parte también de la obra del italiano Jerónimo Sirturio, amigo de Galileo, 'Telescopium sive Ars perficiendi novum illud Galilaei visorium instrumentum ad Sydera', Frankfurt 1618, que relata su encuentro con un constructor de telescopios en Barcelona. En 1959 el historiador catalán José María Simón Guilleuma presentó en el XI Congreso Internacional de Historia de las Ciencias celebrado en Barcelona una comunicación basada en el trabajo de Picatoste con el título' Juan Roget, óptico español inventor del telescopio', que se publicó en las pp. 708-712 de las Actas correspondientes, publicadas en Barcelona en 1960. En 1976 el prestigioso catedrático de la Universidad de Barcelona Joan Vernet en su 'Historia de la Ciencia Española', p. 117, señala a la familia Roget como los constructores de telescopios más antiguos conocidos y confirma los datos documentales obtenidos por Guilleuma y que cita Pelling: el testamento de Pedro de Cardona, de 1593, y la venta en pública subasta de una ollera de larga vista al morir el mercader Jaime Galvany en 1608. Desde la referencia del Profesor Vernet la cita a Roget es habitual entre los historiadores españoles de la ciencia, mereciendo destacar el muy riguroso estudio hecho por el catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Valencia Víctor Navarro en 'Diccionario Histórico de la Ciencia Moderna en España', Barcelona 1983, Vol. 2, pp. 257-259, en la entrada Roget (Familia), en donde amplía las referencias de Vernet y Guilleuma y establece como probado que esta familia construyó telescopios en torno a 1590 en Gerona y Barcelona. Otras referencias documentales y bibliográficas de finales del siglo XVI y comienzos del XVII llevan a la convicción de que en distintas ciudades (Sevilla, Madrid, Barcelona y Lisboa) trabajaban constructores de telescopios que los vendían como objetos curiosos a nobles y burgueses ricos.

En conclusión, el artículo de Nick Pelling en History Today no proporciona ni aporta nada nuevo ni relevante sobre la construcción de telescopios que no se conozca desde hace décadas por los historiadores españoles y que no haya sido publicado con reiteración."

Mariano Esteban Piñeiro.
Director del Grupo de la de la historia y de la técnica del Instituto de Historia Simancas de la Universidad de Valladolid

Anónimo dijo...

Por cierto, me llamo Carme, he puesto la signatura de Piñeiro para que sepáis quien es el historiador que ha escrito este texto que os he copiado, pero él no ha puesto este comentario, he sido yo. ¡Hasta pronto!